La comunicación es una experiencia compartida. No podemos comunicarnos con una estatua, pues al no recibir respuesta, nuestra comunicación carecería de sentido.
Sin embargo, a veces tenemos la sensación, mientras hablamos con alguien, de que la estatua somos nosotros, que la otra persona simplemente nos está haciendo partícipe de sus pensamientos, y que lo que le decimos, lo que le respondemos, no llega a sus oídos, no es tenido en cuenta, y sigue y sigue.
Esta es una situación en la que todos podemos caer en un momento determinado. Algunas veces estamos tan seguros y tan convencidos de lo que estamos diciendo que no nos damos cuenta de que no estamos solos, de que le estamos hablando a otra persona que, quizá, tenga algo que decir, algo que aportar.
No queremos aquí hacer un listado de técnicas conversacionales ni un manual de cómo hablar en público. Queremos algo mucho más sencillo: comenzar a replantearnos nuestras conversaciones como algo enriquecedor, como un espacio de intercambio de ideas que nos permita conocernos más y conocer más a la otra persona. |
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Y para esto es imprescindible un primer paso: aceptar que nuestras ideas son subjetivas, ya sean o no compartidas. Por supuesto que no estamos hablando de situaciones donde estamos recibiendo instrucciones o donde se nos esté dando una guía de actuación, imprescindible por ejemplo para trabajar en equipo. Nos referimos a conversaciones a nivel personal, cotidiano, muchas veces intrascendentes. Es ahí donde debemos practicar la comunicación y el intercambio de ideas.
¿En cuántas conversaciones has estado donde el tono de voz lo ha echado todo a perder, o bien donde el argumento mantenido por tu interlocutor era como un martillo pilón? En esas situaciones: ¿te sentiste respetado?, ¿te aportó algo la conversación? Es posible que de ellas recuerdes más el tono de voz inadecuado que el tema sobre el que realmente hablabais.
Comunicarnos mejor es tener en cuenta al otro como interlocutor válido.
Una última pregunta: ¿Recuerdas la última vez que cambiaste de idea tras una conversación? ¿Cómo fue? ¿Qué recuerdas de ella?
Hablar es transmitir información. Comunicar es, además, mover una emoción. |